Era una mañana de otoño mallorquín, preparándonos a pasar consulta en nuestro variopinto cupo, cuando nuestra agraciada enfermera, se digna a realizarnos una exquisita llamada, solicitando nuestra impoluta presencia en la inmaculada sala de curas del moderno centro de salud.
Y hablando en serio, nos encontramos un varón de 36 años que consulta por cefalea occipital 7/10 que se acompaña de vómitos, sin relación con la ingesta de alimentos, de 2-3 hs de evolución que le despierta del sueño nocturno, sin fotofobia. Nos refiere sensación de taponamiento ótico bilateral. Sin fiebre, nos refiere que no consume tóxicos.
Antecedentes personales: No alergias a fármacos conocidas, fumador de 15 paq/año, epilepsia en la infancia que no requiere tratamiento actual. Refiere problemas familiares graves y problemas laborales que le mantienen ansioso desde hace varios días. No episodios similares anteriores, aunque comenta desde hace 2-3 años cefaleas menos intensas.
Las constantes son las siguientes: TA 144/82 mmhg, Fc 75 lpm, Glasgow 15/15, Tª 36ºC
Examen físico: Diplopia binocular y paresia de sexto par derecho, resto neurológico N, otoscopia N.
Se administra nolotil, primperan y diazepam con mejoría parcial del dolor a 3/10, que al cabo de 30 minutos requiere dosis adicionales hasta llegar a mórficos e incluso plantearnos sedar al paciente.
Os propongo que ofrezcáis vustra conducta en el centro de salud.






